lunes, 7 de noviembre de 2016

Reflexión gastronómica



Hay unos días atrás me pasaron un articulo sobre los derechos de autor en la cocina, lo escribía un abogado,su escrito me pareció brutalmente bueno,lo que hizo que me partiera la caja es que alguien le preguntara por derecho de autor sobre la creación de un plato. Les prometo me vino a la cabeza el Pastel de cabracho de Juan Mari Arzak, posiblemente la receta más copiada en el mundo de la gastronomía y les prometo que no me pregunté que pasaría si el señor Arzak patenta la receta, ¿todo dios debería pagar un canon?, no, mi pregunta fue ¿que tan gilipollas se están volviendo los cocineros de hoy en día?.

Veamos, queridos profetas, estimados gurús, venerados apóstoles de alfombras rojas y estrellas, ha llegado el momento de decir ¡¡¡ BASTA !!!. ¿Han oído hablar de Escoffier, o de Vatel, o de Bocuse, o Chapel y un largo etc?. Esos si fueron genios, esos si pusieron la cocina donde está ahora, en el caso de muchos en época de mosqueteros, fueron encerrados y asesinados por libre pensadores, eso es historia amigos. Estos cocineros que van de divos ¿que han aportado a la cocina?, ¿nuevas técnicas?, ¿nuevos métodos?... No nuevas recetas, ¡ole sus huevos!, van a ser canonizados, pues tengan en cuenta que el arte de las pócimas, el libre pensamiento fueron ajusticiados por la Iglesia utilizando a Torquemada y sus secuaces como brazo armado, por lo tanto los cocineros de verdad, esos que hicieron época y marcaron tendencia llegará el momento que saldrán de las puertas del infierno cucharón en mano y cazuela en otra reclamando que la cocina vuelva a ser lo que era, no este circo.

Mi realidad es otra, es disfrutar no solo cocinando,si no comiendo, me suelo fiar poco de los restaurantes que ofertan mil cosas en su carta, hay que ser muy bueno,un auténtico malabarista de la pista, para abarcar y apretar a la vez, no abogo por los que te racanean en el vino por copas, vertiendo una ridiculez en el vaso y debiendo de pensar que, además de gilipollas,te quedan ganas de aplaudir. Si defiendo una de esas cocinas revestidas por un clasicismo actualizado, auténtica música para los oídos ante tanta tontería reinante, recuerdo como les dije antes esas "normas" que dictó Escoffier, santo y seña de una manera de concebir la hostelería que, a dios gracias, sigue conservando un perfecto estado de salud, pese a que muchos crean han descubierto la pólvora. Si el precio a pagar es traicionar unos orígenes, olvidar por que y para quien cocinamos es este, paren que me bajo. Si cocinan para esconder en el más absoluto de los secretos lo que elaboran, buscando el aplauso fácil y que les pongan a la altura de Zeus en el Olimpo, deberían bajarse ustedes, más que nada por que si esos grandes no hubieran enseñado las técnicas, sus recetas, sus métodos esto no sería lo que es. Si las madres o las abuelas se llevaran las recetas a la tumba, poco se cocinaría. Inventen cazuelas, inventen técnicas, patentelas y compartan. Pero recetas con derecho de autor, ¡ que cruz!.

Me despido con una bienaventuranza dirigida a estos artistas, ¡Dios bendiga a los borrachos solo ellos verán a Dios dos veces!.

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